Una nueva actualización de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) indica una probabilidad del 80 % de que se produzca un fenómeno de El Niño entre junio y agosto de 2026. Las probabilidades de que este fenómeno se prolongue al menos hasta noviembre rondan o superan el 90 %.
Si bien persiste cierta incertidumbre sobre la intensidad y el momento del máximo desarrollo de El Niño, la mayoría de los modelos de pronóstico sugieren que será al menos moderado y, posiblemente, intenso.

La única respuesta eficaz es una acción climática a la altura de la crisis
António Guterres, Secretario General de la ONU

“Las condiciones de El Niño avivarán el fuego del calentamiento global. Los impactos serán aún más fuertes, se extenderán aún más y cruzarán fronteras con una velocidad devastadora”, declara el Secretario General de la ONU, António Guterres, en sus declaraciones en vídeoconferencia.
“La única respuesta eficaz es una acción climática a la altura de la crisis: acabar con la dependencia de los combustibles fósiles, acelerar la transición a las energías renovables, proteger a los más vulnerables y proporcionar sistemas de alerta temprana para todos”, añade.
Las temperaturas oceánicas alcanzaron otro récord histórico en 2025
Crecientes anomalías en la superficie
Entre finales de abril y mediados de mayo, la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial centro-oriental, la zona utilizada como referencia de seguimiento, se acercaba a los umbrales de El Niño, según las observaciones de diferentes plataformas utilizadas por la OMM.

Debemos prepararnos para un posible fenómeno de El Niño intenso, que incrementará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano
Celeste Saulo, Secretaria General de la OMM

Estas crecientes anomalías en la superficie se deben a unas condiciones subsuperficiales inusualmente cálidas en el Pacífico tropical, con temperaturas que superan los 6 °C por encima de la media y que proporcionan una importante reserva de calor que contribuye al calentamiento superficial observado. Mientras tanto, el Índice de Oscilación del Sur, que es el componente atmosférico de El Niño, también es coherente con el desarrollo de las condiciones de El Niño.
“Debemos prepararnos para un posible fenómeno de El Niño intenso, que agravará la sequía y las fuertes lluvias, e incrementará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano. El último fenómeno de El Niño, ocurrido en 2023-24, fue uno de los cinco más intensos registrados y contribuyó a las temperaturas globales récord que observamos en 2024”, declara la Secretaria General de la OMM, Celeste Saulo.
Observación continua
El Niño y La Niña son fases opuestas de la Oscilación del Sur de El Niño (ENSO), uno de los patrones climáticos naturales más poderosos de la Tierra. El fenómeno se caracteriza por un calentamiento de la temperatura de la superficie del océano en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Suele ocurrir cada dos a siete años y dura entre nueve y doce meses.
Incluso un El Niño moderado aumenta la probabilidad de ciertos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos
Por lo general, comienza a desarrollarse entre marzo y junio y alcanza su máxima intensidad entre noviembre y febrero, y sus repercusiones en las temperaturas globales suelen ser más pronunciadas en el segundo año posterior a su desarrollo.
Los efectos de cada evento varían según su intensidad, duración, época del año en que se desarrolla y su interacción con otros modos de variabilidad climática. No todas las regiones del mundo se ven afectadas, e incluso dentro de una misma región, los impactos pueden ser diferentes.
La intensidad de un evento ENSO es muy significativa, ya sea que se clasifique como débil, moderado, fuerte o muy fuerte. Incluso un El Niño moderado aumenta la probabilidad de ciertos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos.
No existen pruebas de que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de los fenómenos de El Niño. Sin embargo, puede amplificar sus impactos asociados, ya que un océano y una atmósfera más cálidos incrementan la disponibilidad de energía y humedad para fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor y lluvias torrenciales.
Previsión climática para los próximos meses
Cada fenómeno de El Niño es único en cuanto a su evolución, patrón espacial e impactos. Sin embargo, suele asociarse con un aumento de las precipitaciones en partes del sur de Sudamérica, el sur de Estados Unidos, partes del Cuerno de África y Asia central, y con condiciones más secas en Centroamérica, el norte de Sudamérica, el Caribe, Australia, Indonesia y partes del sur de Asia.
Para la temporada de junio a agosto, los pronósticos prevén un predominio casi universal de temperaturas superiores a lo normal en prácticamente todo el planeta. Esto incrementa el riesgo de estrés térmico y agrava los peligros en algunas regiones, además de acelerar el desarrollo de sequías donde disminuyen las precipitaciones.

Los pronósticos estacionales anticipados y las alertas tempranas son vitales para salvar vidas y mitigar el impacto en nuestras economías y comunidades
Celeste Saulo, Secretaria General de la OMM

Las probabilidades de lluvia son típicas de los patrones de El Niño y es probable que esto contribuya a una mayor probabilidad de fenómenos extremos (por ejemplo, aumento de las lluvias e inundaciones, así como condiciones más secas y sequías).
“La comunidad de la OMM supervisará atentamente las condiciones en los próximos meses para fundamentar la toma de decisiones de los gobiernos, las agencias humanitarias y los sectores sensibles al clima. Los pronósticos estacionales anticipados y las alertas tempranas son vitales para salvar vidas y mitigar el impacto en nuestras economías y comunidades”, concluye Saulo.
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